Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 22/02/02

 

Bibi

la caricatura como pronóstico



Bibi con un ciudadano y su caricatura


Todos guardamos en el armario de nuestra memoria muchos sorpresas y desengaños. Sorpresas y desengaños que la vida nos ha dado. Entre los que yo atesoro ocupan un lugar bastante las etimologías erróneas. Palabras que yo había supuesto que tenían un origen claro y indiscutible y que luego pude averiguar, a deshora, que su origen era otro muy distinto. Uno de estos casos es el de caricatura. Viví durante muchos años —se lo aseguro— pensando que la palabra caricatura se derivaba de cara, en el sentido de rostro o faz. Me enteré de mayorcito que el citado vocablo no derivaba de cara, sino de “carrigare”, que en latín significa cargar. Les juro que sentí vergüenza cuando me enteré de mi error Es una vergüenza que he rememorado esta semana cuando he visitado la exposición de caricaturas de pintores que Bibi —Antoni Bibiloni Palmer— muestra en el Casal Balaguer. He sentido sonrojo porque en la exposición, aunque todo son caras, resulta clarísimo que el secreto de toda caricatura es el de cargar las tintas. Como la verdadera etimología indica.


Como es sabido Bibi se gana la vida colaborando con el periódico. No debe sorprender a nadie: la caricatura es un género que ha crecido unido casi indisolublemente al periodismo. En Inglaterra, en Francia, en América y en nuestras latitudes. Se utilizó básicamente para hacer crítica de tipo político y muchos son los que opinan que la imagen y la opinión que los contribuyentes tenemos de nuestros políticos se debe más a los caricaturistas que ha los discursos que hemos podido oír o a las fotos que hemos observado. Decía, antes, que en nuestra área de influencia hemos tenido grandes caricaturistas que desarrollaron su obra en la prensa diaria o en publicaciones satíricas que van desde l’Esquetlla de la Torratxa hasta la Codorniz, aquella publicación que mantuvo el fuego sagrado en los tiempos de Franco. No me quiero hacer pesado, pero cuando se habla de caricatura no se puede olvidar a personas como Sem, Caran D’Ache, Rowlandson. Mas cercanas a nosotros ha sido Opisso, Feliu Alias, Nonell, Pidelassera, Cesc, Perich Peridis, Tono, Mingote. En nuestra isla ha habido igualmente caricaturistas de mérito. Quinito Caldentey o Pere Sureda lo fueron en otro tiempo. Y actualmente lo son Pepe Roig o Jaume Ramis. Me gustaría nombrar también a un valenciano menos conocido que se firmaba Folchi y cuyos apellidos eran González Martí, el creador del famoso museo de cerámica que lleva su nombre. Si lo recuerdo es porque el tema de muchas de sus caricaturas era, como en el caso de Bibi, los pintores o, incluso, la propia pintura. Este hecho —que todos los que ha sido caricaturizados en la exposición sean pintores— concede a la muestra de Bibi un halo de especial bondad. Quiero decir que, por regla general, en la caricatura política existe una crítica ácida hecha desde unos supuestos morales que se suponen distintos entre el caricaturizador y el caricaturizado. En este caso no. Quien visite la exposición del Casal Balaguer notará enseguida que existe una cierta complicidad moral entre Bibi y sus personajes. Quizá no solamente una complicidad, sino un sentimiento de compasión mutua. Compasión porque en estos tiempos en que todo parece aconsejar ser subsecretario, broker, gestor, especulador, portavoz, regidor, merecen cierta compasión quien se empeña en ganarse la vida con esta actividad tan inocente que es comunicar a los demás como ven el mundo, o —es el caso de Bibi— a los colegas.


He dicho que la caricatura hace honor a su etimología, que consiste básicamente en cargar las tintas, en exagerar, en subrayar, en resaltar. Bibi no es una excepción de la regla. Pueden estar seguros Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿con qué método? ¿con qué sistema lo hace? Para resumir, diría que la estrategia de Bibi es muy simple. La caricatura que produce intenta adivinar no lo que son los individuos, sino lo que serán. Ésta es la clave: envejecer el personaje. Cuando contemplaba la exposición de Bibi me acordé de Pla, de aquel texto del escritor de Palafrugell que anoté en una ficha y que he afortunadamente podido recuperar. Decía Pla hablando de la vejez “Tornar-se vell vol dir dibuixar físicament una caricatura, però una caricatura no solament del que hom és, sinó — i sobretot— del que hom ha estat. Aquesta caricatura és tant mes exacta com més accentuada. La vida es un un esforc per assemblar-nos a l’aspecte que tenim quan som vells”.


Yo no sé si Bibi conoce el texto de Pla, pero parece que sí, porque lo ha parafraseado. Su táctica ha sido adivinar no lo que son, ni lo que han sido, sino lo que serán sus compañeros pintores dentro de diez o quince años. Como entre los caricaturizados tengo varios amigos, si tengo salud podré comprobar si la hipótesis de trabajo de Bibi han resultado correctas. Si mis amigos —Ramón Canet, Tomás Horrach, Joan Vich— harán buen pronostico de Bibi o querrán envejecer de otra manera. El dilema que se les plantea puede parecer a simple vista trivial, pero yo les aseguró que, bien meditado, no lo es.