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Jacobo Sureda Muntaner

lo que opudo haber sido



Pinturas y dibujos de Jacobo Sureda Montaner (1901-1935)

Fundació Barceló, 6 de Noviembre - 7 Diciembre



Joan Sureda Bimet y Pilar Muntaner fueron un matrimonio que acumuló lo que los franceses llaman capital simbólico y que aquí con menos afectación que en Francia podemos llamar capital intelectual. Quiero decir que gozaron en su tiempo de justa fama y prestigio lo que les propició la posibilidad de conocer a figuras como Maurice Barrés, Rubén Darío, Antonio Maura, Azorín, Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, John Singer Sargent, Joaquin Sorolla o Miguel de Unamuno. Joan Sureda fue un abogado que actuó como mecenas y coleccionista y que publicó una obra sobre la obra y la vida de Rubén Darío en Mallorca. Joan Sureda y Pilar Muntaner tuvieron once hijos, uno de los cuales fue Jaime Felipe “Jacobo” Sureda Muntaner. Nació en 1901. Cuando tenia veinte años Jacobo firmó junto a Jorge Luís Borges, Juan Alomar y Fortunio Bonanova el Manifiesto del Ultraísmo. Jacobo marchó después a Italia y Alemania desde donde mandó crónicas sobre aspectos culturales, sociales y económicos de aquellas naciones. Porque en aquellos años había tomado la decisión de simultanear la pintura con la poesía. No quiero decir que introdujera la poesía en su pintura, sino únicamente que publicó poemas que recogió en un libro que tituló “El prestidigitador de los cinco sentidos”. Como pintor encontró acogida en la galería Ey de Düsseldorf en donde conoció a Max Ernst y Otto Dix. En su periplo europeo Jacobo Sureda llegó a París donde conoció a la pintora Eleanor Sackett. Con su mujer y su hija Pilar regresó a Mallorca donde acentuó su dedicación a la pintura. En 1928 Juan Alomar y Miguel Ángel Colomar organizaron una exposición de pintura mallorquina en el Pabellón Nacional de Bellas artes de Buenos Aires. Ramiro de Maeztu que, creo, por aquel entonces, era embajador en la República Argentina le compró un cuadro. Al eximio defensor de la hispanidad se ve que le gusto uno que se titulaba “la verdadera luz” A principios de los años treinta Jacobo Sureda expuso en Palma, en Barcelona y en Nueva York. Según Lorenzo Villalonga, que aparte de ser novelista era médico psiquiatra, Jacobo Sureda contrajo un “extraña enfermedad”, de la que falleció en 1935, cuando contaba con treinta cuatro años de edad.


En la necrológica que el autor de “Mort de dama” dedicó a su amigo lamentaba que su vida no hubiera durado mas y que su obra no fuera casi nada más que un proyecto. “Ramiro de Maeztu —decía Villalonga— en la Argentina fue sensible a la pintura de nuestro amigo. Como Rubén Darío con doña Pilar Muntaner, Maeztu, ante el hijo de la célebre artista, presintió un valor que luego no ha podido desarrollarse. Es por eso, por lo que lleva en sí de cosa malograda, por lo este final tan bello nos resulta particularmente trágico, como era trágico el cuerpo del joven gladiador romano desnudo muerto absurdamente sobre la arena” En la misma necrológica Villalonga contaba que la última vez que vio a Jacobo Sureda estuvieron comentando un viejo manual de urbanidad, porque Jacobo seguía muy interesado en saber como comportarse cuando se iba de visita. Es probable que en este referencia encontremos la clave por la que Sureda no fue lo que pudo haber sido. Y es que Sureda quizá tuvo un exceso de educación que le obligo a vivir en una doble tensión. Por una parte, comprendió que como artista tenia que romper con muchas de la ideas heredadas, pero su estatus social y quizá el propio mercado del arte le obligaron a ser muy comedido. Sus cuadros llevan mucha impronta de Cezanne. Captó, sin duda, el aire del francés, pero no se decidió a formar parte del vendaval que se desarrolló tras la obra del pintor de Aix-en-Provenze. Por eso Jacobo Sureda es considerado ahora como un pintor menor y la Enciclopèdia de la Pintura i de l’Escultura a les Balears la no lo incluye entre los pintores mas significativos de nuestra tierra. La exposición que ahora se muestra en la Fundación Barceló con motivo del centenario de su nacimiento, con indudable parquedad de medios y en la que se muestran óleos de Jacobo Sureda así como una colección de dibujos de tipo ingenuista que pintó para su hija quizá ayuden a modificar el juicio crítico sobre esta autor. Un pintor que probablemente tiene más interés por sus amistades y por su tarea literaria que por su pintura. Mas interés por lo que pudo haber sido que por lo que fue. Ustedes juzgaran.